la globalizacion

Tenemos un fenómeno tan viejo como la historia humana, pero incrementado en el mundo de la globalización, es la emigración. En la actualidad hay más de 147 millones de personas residiendo legalmente fuera de sus países de origen.

NICOLÁS REDONDO

Lugar: Restaurante “La Reja Dorada”

Fecha: 29 mayo de 2002

Horario: 20:00 horas.

Nicolás Redondonicolas1

Nació en 1927, en Baracaldo (Vizcaya), en el seno de una familia vasca de profunda tradición ugetista y socialista. Desde los 15 años trabajó como obrero metalúrgico en la Empresa Nacional de Sestao (en la actualidad Astilleros Españoles), de la que fue despedido después de 32años de servicio por su actividad sindical.

Militante activo de la UGT y de las Juventudes Socialistas, sufrió represalias durante el régimen de Franco.

Fue responsable de las Juventudes Socialistas y del PSOE de Euskadi. Nicolás Redondo fue, además, el primer delegado obrero que representó a España en la 63 Conferencia Anual de la OIT (1977) tras el final de la Guerra Civil.

Miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE desde 1970 hasta 1977, ha sido diputado electo del PSOE por Vizcaya en las elecciones legislativas de 1977, 1979, 1982 y 1986, dimitiendo del escaño en 1987.

En el XXX Congreso de la UGT -Madrid, 1976- fue elegido Secretario General del sindicato, cargo que ejerció hasta abril de 1994.

De su intensa participación en el sindicalismo internacional cabe destacar el haber sido, durante años, miembro del Comité Ejecutivo de la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y también, entre 1989 y 1994, Vicepresidente de la misma. Ha formado parte, asimismo, del Comité Ejecutivo de la Confederación Sindical de Organizaciones Sindicales Libre (CIOSL).

1983 Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil del Gobierno de España.
1997 Medalla de Oro de Mérito al Trabajo del Gobierno de España.
1998 Oficial de la Legión de Honor del Gobierno francés.
1999 Cruz de Comendador de la Orden del Mérito de la República Federal de Alemania.
2001 “Honoris Causa” por la Universidad Politécnica de Valencia.


LA GLOBALIZACIÓN

Por Nicolás Redondo

Agradecer al Foro Cívico Francisco Sáez Porres su amable invitación a participar en esta charla sobre la globalización.

Globalización o mundialización, términos equivalentes de un fenómeno que no deja de ser una opción económica, que está dando lugar a multitud de libros, seminarios, conferencias, masivas movilizaciones de protesta, no sólo de los grupos llamados alternativos, sino del conjunto del movimiento sindical.

Un tema con más interrogantes que alternativas, con más preguntas que respuestas, pero con una evidencia absoluta, la del fracaso de este tipo de mundialización llamada liberal, en la consecución de un mundo con mayor justicia social.

Empezaré por decir que vivimos un proceso acelerado de mundialización, no solo comercial; también financiera, de comunicación, cultural y después de los atentados del 11 de septiembre se percibe un principio de globalización del miedo frente al terrorismo internacional.

Me referiré de manera preferente a los aspectos económicos y sociales de la globalización, a cómo este proceso está influyendo en las condiciones económicas y sociales de la humanidad.

La globalización es un hecho irreversible, que no tiene vuelta atrás en lo que concierne al desarrollo del comercio mundial. Esto significa que no debe ser “satanizada”. Hoy sirve a un poder brutal y arrogante, pero también puede convertirse en un instrumento al servicio del bien público y del interés general de la humanidad.

Puede pasar que de ser la globalización de los egoísmos financieros y empresariales, pase a ser la de la solidaridad y la justicia social.

Manifestar a continuación que hay que tomar con una cierta prudencia lo que solemos denominar globalización de la economía, cuando quedan fuera de este comercio naciones, e incluso un continente entero, como África.

O teniendo en cuenta el escaso peso de América Latina, que con quinientos millones de habitantes sólo representa el 4% del producto interior bruto mundial, frente al 25% de EEUU y un porcentaje similar de la UE.

Cuando el 80% del comercio mundial se desarrolla entre EEUU, UE y Japón, y cerca del 70% de las inversiones directas en el extranjero, se concentran en esos mismos grupos de países; es decir, que revierten sobre los mismos países inversores, lo que ha llevado a denominarse un mundo tripolar o la trilateralización de la economía.

Hay otros expertos que estiman que este mundo, comercialmente hablando, es básicamente un mundo bipolar, en que la concurrencia comercial con EEUU proviene sobre todo de la UE.

Un reciente estudio sobre las mayores compañías del planeta basado en la capitalización del mercado, muestra que de las 500 empresas más grandes del mundo, 244 pertenecen a Estado Unidos, 46 a Japón y 173 a Europa, muy por debajo de EEUU.

Tenemos que recordar que el proceso de globalización no es solo un fenómeno económico y financiero a escala mundial, es también y en especial medida, un proceso de asimilación cultural favorecido por el cada vez más sofisticado sistema de comunicaciones. Un proceso que no solo coarta los derechos económicos y sociales de la persona, sino que pretende reducirla a un pasivo receptor de mensajes alienantes que interesadamente vienen, no tanto por la vía de la cultura como por la del entretenimiento.

De hecho, la mayor industria de exportación de EEUU no es la aeronáutica, ni la automovilística, sino la industria cinematográfica y la de televisión. El cine norteamericano copa más del 70% del mercado europeo, casi el 90% en América Latina y más del 50% en Japón. En USA los filmes extranjeros apenas si ocupan el 3% del mercado nacional.

Respecto a la situación de la llamada aldea global, compuesta por más de seis mil millones de personas y según datos de la ONU, OIT, Club de Roma, OMS, etc., tendríamos: según la OIT, más de mil millones de trabajadores, un tercio de la población activa del mundo en paro o subempleados.

Alguien tan poco sospechoso de izquierdismo como el BM en su Informe Sobre del Desarrollo Mundial 2000-2001 admite que, de un total de seis mil millones de habitantes, 2.800 millones, casi la mitad, sobreviven con menos de 2 dólares diarios, y 1.200 millones, la quinta parte, con menos de un dólar al día.

Según la OMS, cada año mueren en el mundo 17 millones de personas por no tener acceso a medicamentos básicos.

Desde el inicio de la epidemia del SIDA en los años 70, aproximadamente 50 millones de personas han contraído la enfermedad en todo el mundo. De los 36 millones que aún viven, 23 millones habitan el África Subsahariana.

El precio medio de los fármacos contra el SIDA que comercializan las empresas multinacionales se eleva al millón y medio de pesetas-año y paciente. Es obvio que prácticamente nadie en esos países dispone del dinero suficiente para hacer frente a la enfermedad. No obstante, en estos momentos otros laboratorios farmacéuticos de Brasil e India están comercializando medicamentos contra el SIDA cuyo precio no sobrepasa las 180 pesetas al día. 65.000 pesetas al año, bastante más asequible que el de millón y medio de las multinacionales, las cuales protestan indignadas anteponiendo el interés egoísta de sus patentes a toda consideración humanitaria.

La novela de Jhon Lecarré, El Jardinero Paciente.

  • Las 225 personas más ricas del mundo poseen tanto como 2.500 millones de personas. Esto es tanto como el 47% de la humanidad.
  • Según datos del Club de Roma, ochocientos millones de personas padecen hambre en el mundo, de ellos doscientos millones son niños.

Un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) de marzo de 2001, manifiesta que hay problemas medio ambientales que están alcanzando límites alarmantes y que precisan una solución urgente, como son:

  • Las pesquerías en todos los mares del planeta, que han sufrido una merma del 75% de su nivel medio.
  • La deforestación de los bosques tropicales, que continúa de manera indiscriminada.
  • El incremento de la polución atmosférica.
  • Las fuentes de agua potable, que en países como la OCDE siguen sufriendo una preocupante filtración de residuos químicos venenosos.
  • En zonas del polo norte donde lo habitual era el hielo, ahora es el agua en estado líquido.

Cornelius Castoriadis considera que trasladar el modelo occidental al resto del mundo, supondría multiplicar, aproximadamente por doscientos, la producción mundial y, asimismo, habría que aumentar doscientas veces la velocidad de destrucción anual de la naturaleza, el volumen de emanaciones contaminantes, etc. Y, suponiendo que una operación mágica permitiera alcanzar ese nivel de producción mundial, todavía habría que seguir creciendo un 2 o un 3% al año, como es lo habitual en las naciones desarrolladas.

Habría que preguntarse hasta cuando se puede aguantar ese desarrollo, ese despropósito.

Sigue diciendo Cornelius: “El enorme desarrollo productivo y económico de los últimos ciento cincuenta años ha sido posibilitado por la destrucción irreversible de las reservas naturales de la biosfera acumuladas durante cientos de millones de años”.

Tenemos un fenómeno tan viejo como la historia humana, pero incrementado en el mundo de la globalización, es la emigración. En la actualidad hay más de 147 millones de personas residiendo legalmente fuera de sus países de origen, a los que hay que añadir un número indeterminado y cada vez más elevado de emigrantes que no disponen de permiso de residencia y viven en unas condiciones absolutamente inaceptables.

Mirado desapasionadamente se constata la existencia de un mundo desquiciado que no sabe hacia dónde se dirige, con un contraste brutal entre la opulencia de unos pocos y la más abyecta pobreza de miles de millones de personas.

¿Hasta cuándo se pude sostener un sistema en el cual hay más o menos mil millones de personas que tienen un correcto nivel de vida, y cinco mil millones de excluidos sumidos la mayor parte de ellos en la pobreza?.

(En el año 2020 ocho mil millones).

Lamentablemente las desigualdades no se van reduciendo, sino que por el contrario se van intensificando, no sólo entre los países pobres y ricos, sino dentro de las propias naciones desarrolladas.

En EEUU, uno de los países más ricos del mundo, que siempre se propone de manera interesada como modelo a seguir, hay treinta y tres millones de pobres, cuarenta millones de personas que no tienen derecho a asistencia médica y en el que actualmente el salario real, la capacidad de compra de los asalariados, es inferior a la década de los 80.

Se asiste a lo que se ha dado llamar la enfermedad norteamericana de los pobres que trabajan, es decir, gente que tiene trabajo pero que, a pesar de su sueldo, vive por debajo del umbral de la pobreza. Mal que se está expandiendo en Europa. En el Reino Unido, el número de personas que viven por debajo de ese umbral es dos veces más alto que el de Alemania.

En la Unión Europea hay en estos momentos cincuenta millones de pobres y diecisiete millones de desempleados. (Más del 9% de la población activa).

Es quizá en el proyecto de la UE donde aparece de forma más nítida el intento de insurrección del capital frente a las reglas democráticas. El poder económico se subleva contra el poder político, y este parece abdicar de sus competencias.

El poder económico que, de conservador parece tener poco, es más bien un poder insurgente que pretende suplantar al poder político.

La cumbre de Barcelona habrá demostrado mejor que cualquier otra cumbre europea el profundo déficit democrático que atraviesa esta unión y el profundo desprecio a las opiniones públicas de sus pueblos.

Los jefes de estado y de gobierno tomaron decisiones que estaban en total contradicción con las aspiraciones que se expresaron masivamente en la calle: Tras la manifestación sindical del jueves 14 de marzo, compuesta por cien mil manifestantes que exigían una Europa social y la del 16 de marzo convocada por movimientos sociales alternativos, en la que participaron más de trescientas mil personas diciendo NO a la Europa del capital y afirmando que es posible otra Europa.

La decisión de la cumbre fue, no la de atender esas demandas sociales, sino por el contrario, la de liberalizar la energía eléctrica, aumentar progresivamente cinco años la edad media de jubilación, exigir a empresarios y sindicatos que en diciembre del 2002 presenten una contribución sobre, entre otros aspectos, la moderación salarial y la organización flexible del trabajo.

Para los que pensamos con razón que, si la política debe hacerse eco de la calle, que son los elegidos por sufragio universal los que deben dirigirla, es preocupante el resultado de la cumbre de Barcelona, cuando el Consejo de la Unión, esto es, los gobiernos, adoptaron decisiones para las cuales no disponían de ningún mandato particular de sus parlamentos y menos aún de los electores; es más, saben a ciencia cierta que, en caso de que se les consultara, estos últimos las rechazarían.

Este autismo, este ignorar el eco de la calle, es cuando menos preocupante.

Lo mínimo que podríamos esperar de los candidatos a cualquier función pública, es que explicaran a aquellos cuyos votos solicitan, cómo pretenden enfrentarse, suponiendo que pretendan hacerlo, a lo que no sólo es un déficit democrático, sino un verdadero abandono de la soberanía popular.

Si tras los recientes sustos de las elecciones de Francia, de Holanda, antes, Austria, Bélgica, Italia, Dinamarca, etc., los mismos partidos de siempre continuaran con la política de siempre, de privatizaciones, de desmantelamiento de los servicios públicos, de reformas fiscales regresivas, de la aceptación de despidos masivos dictados por la Bolsa. En síntesis, si continuasen oponiéndose a las aspiraciones populares que reclaman una sociedad más justa, más fraternal, más solidaria, nadie garantizará que la marea neofascista llegue un día a arrastrarnos.

Que mañana la Europa que se dice rosa puede pasar a ser una Europa parda.

Un error funesto es considerar a las fuerzas de la sociedad civil como marginales, y que éstas no puedan participar en la definición del interés general.

Es hora que frente a políticas que impulsan el crecimiento de las fuerzas conservadoras y xenófobas, las fuerzas políticas y sociales auténticamente progresistas tomen la iniciativa exigiendo cambiar el rumbo de las políticas de la UE, garantizando no sólo la seguridad ciudadana, sino la seguridad económica y social con puestos de trabajo estables, con garantías tuteladas por el estado, en que se considere la justicia social y el estado de bienestar como una prioridad, no retórica sino real.

En España, donde, si bien se ha ido creando empleo, sobre todo precario, seguimos teniendo el porcentaje de paro más elevado de la UE, la precariedad más alta y una de las tasas más bajas de actividad, sobre todo de la mujer, un 37%, frente a un 53% en la UE.

El propio gobierno reconoce la práctica de despedir a una parte de los trabajadores el viernes para volver a contratarlos el lunes, despedirlos con la llegada del verano para volver a contratarlos después de las vacaciones, manifestando que más de quince mil empresas incurren en esta actividad fraudulenta, sin que por otra parte se tomen medidas para cortar dicho fraude.

Son cientos de miles de trabajadores / as los que no pactan sus relaciones laborales, a los que no se les aplica ni la ley ni el convenio.

Tenemos un gasto social: asistencia sanitaria, servicios sociales a la tercera edad, ayuda familiar, pensiones, prestaciones por desempleo, muy por debajo de la media europea.

Se repiten una y otra vez los recortes de las prestaciones sociales: 1992, 1994, 1997, 2001 y este de mayo del 2002, que suponen todos y cada uno de ellos, bajo mi punto de vista, un atentado a los derechos sociales conquistados con mucho sacrificio por los trabajadores.

Se vierten manifestaciones catastrofistas sobre el futuro de las pensiones, ignorando premeditadamente que desde el año 1998 al 2001 hubo en la Seguridad Social un superávit de billón y medio de pesetas, a pesar de no aplicarse la vía de la doble financiación para los complementos de mínimos acordados en el Pacto de Toledo.

A pesar del fuerte crecimiento económico de los últimos años, se perciben los lacerantes incrementos de las desigualdades, tanto en las sociedades nacionales como entre las distintas zonas del mundo.

El programa de desarrollo de las Naciones Unidas indica que el mundo ha alcanzado una renta anual de 26 billones de dólares. El mundo nunca ha sido tan rico y sin embargo nunca ha sufrido tanta pobreza, lo que denota una vez más que el crecimiento económico siendo imprescindible, no puede por sí solo resolver el problema de la pobreza.

Que no es la falta de riqueza, sino la pretensión de erradicar la pobreza contando sólo con el mercado, el que ha creado los desequilibrios tan alucinantes que conocemos, ya que éste tiene una tendencia natural a la desigualdad y a la destrucción de valores que no producen beneficios comerciales.

Tenemos que ser conscientes que la realidad económica vigente no es un hecho fortuito, es el efecto de la acción de poderosos grupos económicos que han logrado con eficacia imponer sus objetivos. Su modelo en vigor, en contra de lo que se pretende hacer creer, no es el de una fuerza ingobernable de la naturaleza, no es la plasmación del triunfo de la razón universal, sino la lógica del más fuerte.

El mito de que la actual globalización de la economía mundial beneficiaría al conjunto de la humanidad, que estimulando inversiones financieras masivas éstas actuaban como una dinamo para producir mayor número de empleos y beneficios en el mundo entero, se ha venido abajo, ha fracasado. Después de veinte años, de acentuado liberalismo, tiempo más que suficiente para extraer conclusiones, tenemos a más de la mitad de la población mundial sumida en la miseria y a un tercio de la población activa en el paro.

En junio del año 2000, la OCDE, el BM y el FMI, bajo la iniciativa de la ONU, presentaron un documento con el título “Un mundo mejor para todos”, donde se urgía a los países ricos a reducir la pobreza en todas sus formas a la mitad, con fecha límite del año 2015. En este documento se afirma que: “Para reducir la pobreza no basta con el crecimiento económico, que hay que invertir en educación y sanidad”. Las metas propuestas, entre otras, eran las siguientes:

  • Reducir a la mitad la proporción de personas que viven en situación de extrema pobreza. (Con menos de 1 dólar al día.1.200 millones de personas).
  • Rebajar en 2/3 las tasas de mortalidad infantil.
  • Asegurar la educación primaria universal.

Lamentablemente, el programa de reducir la pobreza a la mitad, con fecha límite al año 2015 no se está cumpliendo, sino que por el contrario, la pobreza se está incrementando.

El propio FMI, en su Informe Anual se muestra poco optimista con los resultados obtenidos, añadiendo que las previsiones para el próximo decenio no son nada alentadoras.

En ese sentido, fracasó la Cumbre de Monterrey celebrada en marzo de este año al pretender aportar el 0,7% del PIB de los países ricos en ayuda a los países en desarrollo. Los propios EEUU no han superado el 2% en su aportación.

Todo ello hace evidente el fracaso de la actual globalización y con ella el liberalismo salvaje que la impulsa.

Hace dos años, el Congreso de la CIOSL, organización sindical con más de 150 millones de afiliados de 125 países, exigía, frente a la globalización económica contraponer la globalización de la justicia social, frente a un proceso gobernado por un reducido número de empresas, plantear la necesidad de la mundialización política, cuya esencia no puede ser otra alternativa que la regulación democrática.

Sin embargo, las alternativas a la actual situación no surgirán de la noche a la mañana. No es razonable pretender que sean alumbradas por un golpe de inteligencia, de genialidad, o de un líder carismático, sino que son procesos que llevan su tiempo, en los que habrá que emplear complejas alternativas, unas en el campo de las Instituciones Internacionales con reformas de la ONU, OIT, FMI, BM, OMC, otras al margen de ellas con propuestas alternativas; con el ejercicio de la denuncia, de la disconformidad con las injusticias. Incentivando el disenso con planteamientos capaces de alimentar las protestas de los grupos sociales, denominados alternativos. Alentar la reacción de rechazo a esta mundialización económica liberal, apoyando el número creciente de organizaciones sindicales, de organizaciones no gubernamentales, de ciudadanos, de jóvenes que cada vez en mayor número se determinan hacia ofertas más igualitarias, más justas, tendentes a erradicar la pobreza.

El desafío actual para las fuerzas progresistas, para todos aquellos preocupados por el futuro de la humanidad, es el de establecer alternativas, creando relaciones de fuerza, configurando mecanismos institucionales para orientar la globalización en un sentido social, dando con ello satisfacción a las necesidades de millones de personas, sumidas hoy en día en la desesperación.

Los sindicatos, cada uno en su esfera, la CES en Europa, la CIOSL a nivel internacional, reivindican demandas muchas de ellas coincidentes con el Foro Social de Porto Alegre, Foro al que asistieron delegaciones de ambas organizaciones sindicales.

Las manifestaciones de Barcelona, tanto la del día 14, convocada por la CES con el slogan: “Europa, sí, con pleno empleo y derechos sociales”, así como la manifestación del día 16 convocada por los movimientos sociales y grupos alternativos contra la Europa del capital, tenían en común la lucha por una Europa más social, con pleno empleo y derechos sociales, no sólo para satisfacción de sus propios ciudadanos / as, sino como obligada aportación solidaria a la reorientación de esta desquiciada mundialización.

La manifestación convocada por el Foro Social Trasatlántico en Madrid abogando por la condonación de la deuda y con el slogan de que: “Otro mundo es posible”.

Son pasos, quizá tímidos, pero pasos positivos hacia una colaboración más acentuada entre los sindicatos y los movimientos alternativos, cada uno en su ámbito en una obligada y fraternal colaboración.

Colaboración que lleva a exigir tanto la condonación de la deuda externa a los países más pobres como la erradicación del fraude financiero, que son las grandes losas que impiden el desarrollo de los pueblos.

El control de los 32 paraísos fiscales existentes, entre ellos Andorra y Gibraltar.

Aplicar la tasa impositiva del 0,1% de las transacciones financieras especulativas, conocidas como la tasa TOBIN.

Incluir la cláusula social y los derechos reconocidos por la OIT en la OMC.

El reconocimiento universal de ciertos derechos fundamentales, renta básica como bien social global, equiparable a un salario mínimo.

Urge exigir la aplicación de las normas de los convenios de la OIT: eliminación del trabajo forzoso, igualdad de remuneración de la mano de obra entre hombres y mujeres, edad mínima de incorporación al trabajo, con la abolición del trabajo infantil.

El FMI, ha cambiado su función, creado en los años 70 para contribuir al desarrollo y equilibrar el sistema financiero internacional, ha pasado a ser un instrumento de dominación planetaria en manos de las multinacionales.

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, antiguo jefe economista del BM, opinaba de la siguiente manera: “En teoría, el FMI apoya a las instituciones democráticas de los países a los que ayuda. En la práctica, socava el proceso democrático al imponer su política”. Parece evidente la exigencia de reformarlo si es posible, o bien suprimirlo. En una reciente entrevista realizada por un periódico de tirada nacional, manifestaba: “Si Argentina hubiera seguido las instrucciones del FMI, ahora estaría peor”. (El País, 20.5.2002).

El neoliberalismo, que inicia su cruzada hace veinte años bajo el liderazgo de Margaret Thacher y Ronald Reagan, ha venido estableciendo su doctrina y sus prácticas a lo largo y ancho del planeta. A esta situación se han sumado algunos partidarios, tradicionalmente de izquierdas.

La complicidad entre el conservadurismo liberal de la derecha y el social-liberalismo de determinada izquierda ha permitido una recomposición sin precedentes del capitalismo financiero.

Ante esta ofensiva neoliberal, son más necesarios que nunca los ideales definitorios del progreso: Igualdad, justicia social, estado de bienestar, etc. En los que el Estado no puede renunciar a la exigencia de tutelar derechos que solo pueden salvaguardarse a través de la intervención pública: Derechos como educación, sanidad, jubilación, vivienda, transportes, investigación, etc.

Se trata en definitiva, de una batalla ideológica que haga referencia a las ideas, a las palabras, a los símbolos en base a los cuales se reafirma nuestro ideario, nuestra visión del mundo, de nuestras esperanzas y de nuestros compromisos. Un mundo con justicia social, con pleno empleo, eliminando los extremos de opulencia y miseria en el cual las mujeres y los hombres puedan en pie de igualdad mantener una vida digna.

Un mundo en que no se explote a los niños y los jóvenes vean su futuro con esperanza.

Una realidad que hoy puede parecer utópica, más la historia social nos enseña que las aspiraciones que hoy parecían utópicas mañana son realidades, ya que la utopía no deja de ser una verdad prematura.

Estoy convencido de que la pasividad, la indiferencia, el distanciamiento de la cosa pública, el aquél no quiero saber nada, es uno de los mayores riesgos para la democracia, para el progreso y, sobre todo para las nuevas generaciones, cuya participación, cuyo compromiso en política, es y será un factor determinante en su futuro.

Tendrán que ser conscientes de que sus condiciones de vida y de trabajo dependerán en gran medida de ellos mismos, de su capacidad de organizarse, de darse una voz, una voluntad y unas reivindicaciones colectivas.

A todo ello habrá que colaborar ayudándoles, creando espacios de diálogo, de participación, de confrontación creativa de ideas, de ideas claras y precisas que la sociedad, las fuerzas sociales, progresistas, hagan suyas, lo que será determinante para el futuro de nuestras sociedades.

Gracias.

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